Blog personal de Anabel Vélez. Periodista musical colaboradora de las revistas Ruta 66, Ritmos del mundo y la web MétronomeMusic. Lectora empedernida, cinéfila absoluta, melómana hasta las trancas. Escribo relatos y los publico aquí.
viernes, 29 de junio de 2007
martes, 26 de junio de 2007
Pasteles
El servicio de su majestad me reclutó cuando era apenas una niña. Me entrenaron y me dieron lo que nunca tuve, un objetivo en la vida. Ahora estoy aquí en Brastisbona, casada por poderes con un crápula que tiene contactos con el presidente de la república. Él no lo sabe, pero pronto, me será de gran ayuda. Y pensar que se creyó que con su dinero lo podía todo, que conseguía todo lo que quería, incluida yo. A veces me pregunto porque los hombres son tan tontos, porque sus inseguridades masculinas les hacen blancos tan fáciles. El error fue enamorar a su secretario, por lealtad él se lo confesó. Y ahora, me veo haciendo pasteles hasta reventar. Por lo menos tuve tiempo de colarme en el despacho del presidente en la recepción que ofreció la semana pasada y robar los papeles que necesitaba. Tan sólo tenía que aguantar unos días y volvería a ser libre, pero ese maldito pelele se fue de la lengua. Más harina!!!!!!!!, le digo a mi criado presurosa. Kilos y kilos de harina...No paro de remover. Me duelen los brazos de tanto amasar. Mañana mis pasteles estarán en todas las tiendas y toda la ciudad podrá disfrutar de ellos mientras yo estoy rumbo a casa con mi preciado botín. Nunca me han gustado los pasteles de carne pero siempre me han dicho que me salen deliciosos.
lunes, 25 de junio de 2007
Árboles, ummmmm
Blade Runner cumple 25 años

viernes, 22 de junio de 2007
Verano!!
miércoles, 20 de junio de 2007
Escaleras
En mitad de la noche siento la angustia de la pesadilla. Trozos de sueño que no recuerdo y que intento recuperar en la memoria. Me resulta imposible y me frustro. Creo que es importante y que lo tengo que recordar. No lo consigo. Late un corazón a mi lado. Aunque sé que no es posible. No es el mío. Hay un vacío. Ahora ya no sé que hacer. Tengo que recordar, sé que es importante...
lunes, 18 de junio de 2007
Hámster
Save it for a rainy day
Save it for a rainy day- Jayhawks
Pretty little hairdo don't do what it used to
Can't disguise the living
All the miles that you've been through
Looking like a train wreck
Wearing too much makeup
The burden that you carry
Is more than one soul could ever bear
Don't look so sad, Marina
There's another part to play
Don't look so sad, Marina
Save it for a rainy day
Save it for a rainy day
Save it for a rainy day
You never make your mind up
Like driving with your eyes shut
Rough around the edges
Won't someone come and take you home
Waiting for a breakthrough
What will you set your mind to?
We stood outside the Chinese restaurant
in the rain
Don't look so sad, Marina
There's another part to play
Don't look so sad, Marina
Save it for a rainy day
Save it for a rainy day
Save it for a rainy day
viernes, 15 de junio de 2007
Viernes!!!!!!!
Aullidos en la noche
jueves, 14 de junio de 2007
martes, 12 de junio de 2007
Puente
Anna Carina (Gracias también por la inspiración).
Todas las noches soñaba con un puente, un maldito puente que no me dejaba pasar al otro lado. Estaba allí, llegaba hasta el borde, mi deseo más ferviente era pasarlo pero nunca podía. Me despertaba angustiado y durante el día no podía dejar de pensar en él. Todas las noches soñaba con un puente que no podía pasar. Un día el sueño desapareció. Poco tiempo después volví a soñar con él. Lo había cruzado por fin. A menudo, al coger el autobús y cruzar el puente del río camino del trabajo me imaginaba que el vehículo se paraba de golpe sin poder seguir y que yo me bajaba y algo o alguien, no sabía muy bien qué me impedían pasar al otro lado, como en aquel sueño. Aquella mañana el autobús se estropeó justo delante del puente. Y un control policial nos impidió pasar, tuve que volver a casa. El puente estaría cortado durante todo el día y no había otra forma de pasar al otro lado. El edificio donde trabajaba ardió aquel día, yo no estaba allí. Aquella noche soñé de nuevo con el puente, estaba ardiendo y yo estaba al otro lado.
Pasa II
S (Gracias por la inspiración).
Quise quemarlo, quise borrarlo de la faz de la tierra. Quise sacarlo de mi vida y hacerlo desaparecer. Fui a un lugar alejado de todo y de todos, hice una pila con todo ese pasado podrido, lo rocié con gasolina y le prendí fuego. No sirvió de nada. Parecía que tenía una capa ignífuga imposible de atravesar. Me desesperé. El fuego se apagó y allí seguía todo amontonado, riéndose de mí. Era imposible pero así era. Lo volví a rociar con gasolina, toda la garrafa y le prendí fuego otra vez. Nada. Necesitaba algo más efectivo. Fui a comprar ácido sulfúrico, se lo eché encima. Nada. Allí seguía. En el suelo se hizo un agujero pero aquello no desaparecía. Fui al mercado negro y compré dinamita, por si acaso también goma dos y por si acaso un misil tierra-tierra. Nunca se sabe. Hice bien, pero de nada sirvió. Maldita sea, me lamenté. Tenía que haber comprado aquella bomba nuclear o aquella de protones. Seguía allí. Entonces caí al suelo, cerré los ojos con desesperación y deseé que todo aquello desapareciera. Cuando abrí los ojos, ya no estaba, se había esfumado, chof, ya no quedaba nada. Joder, si llego a saber que es tan fácil me ahorro el dineral en los malditos misiles. A veces, las cosas son más fáciles de lo que parecen.
lunes, 11 de junio de 2007
Jodelle
Jodelle fue una niña curiosa desde el día en que nació. Al cogerla en brazos después de un parto rápido y apenas doloroso, su madre notó que la pequeña parecía pesar menos que una pluma. Era ligera, no, más que eso era, ligerísima. Ya desde sus primeros momentos de vida demostró ser especial. Vivía la vida con alegría y parecía que sin preocupaciones. Era una niña feliz. Quizás demasiado, pensaba su madre. Nada la abatía y siempre estaba de buen humor. Jamás soltaba una sola lágrima. A su madre esto la alegraba mucho, pero lo que realmente le preocupaba era que Jodelle no pisaba la tierra con los pies. No es que viviera en un sueño, es que tanto fantaseaba que su madre temía que un día aterrizara de bruces en el suelo. Cuando Jodelle dio sus primeros pasos su madre se alegró pero luego quiso que aquel momento no hubiera pasado nunca y que su pequeña Jodelle siguiera gateando de por vida. La niña no tocaba el suelo con los pies. Daba dos pasos y empezaba a flotar. Era tan feliz que levitaba. Su madre se asustó y empezó a pensar que quizá sería mejor que no fuera tan feliz, pero ¿qué madre desearía algo malo para su hija? Así que se las ingenió durante años para mantener a Jodelle siempre con los pies en el suelo. Llenaba los forros de los vestidos y los abrigos de arena y de piedras, la agarraba bien fuerte cuando la veía emocionarse de felicidad fingiendo que lo compartía con ella en un abrazo maternal hasta que la furia feliz pasaba y Jodelle no corría el peligro de levantar los pies de la tierra y mil ingenios más. La madre de Jodelle estaba agotada. Evitar que el mundo supiese que su hija flotaba era una tarea dura de llevar a cabo. Llevaba siempre el bolso cargado de piedras y la espalda estaba empezando a pasarle factura. Cuando menos se lo esperaba Jodelle se ponía a levitar y ella corriendo tenía que echarle en los bolsillos del abrigo unas cuantas piedras. Había ganado en rapidez y destreza con los años pero precisamente esos años de experiencia le estaban restando agilidad.
El día que Jodelle se enamoró su madre tuvo que atarla en su habitación a los muebles con mil cintas de colores para evitar que saliese flotando y desapareciese más allá de la estratosfera. Al joven que enamoró a Jodelle no le importó que ella flotara. La cogía de la mano con fuerza y así evitaba que se fuese volando. La fuerza del amor lo podía todo, pensaba. Pero un día el joven se cansó. Le dolía el brazo de tanto sujetar a su amada Jodelle. Hacer el amor con ella era como estar en gravedad cero en la estación espacial internacional. Al principio era divertido pero a la larga era un engorro. Cuando el joven dejó a Jodelle, esta dejó flotar de golpe y cayó de bruces a tierra. El joven se alegró, pensó por un momento que por fin sería una chica normal pero en cuanto le dijo a Jodelle que seguía amándola, esta empezó a flotar de nuevo y el joven cansado huyó. A pesar de que Jodelle era grácil y ligera, desde aquel momento empezó a caminar como si en vez de pies tuviera dos losas pesadas. Su madre ahora se cansaba de que siempre estuviera triste, ya que pesaba tanto que tenía que arrastrarla por toda la casa para ir de un lado a otro. La verdad es que a Jodelle esta nueva situación no le gustó nada. Acostumbrada a flotar como una hoja agitada por el viento, ser pesada como el plomo la estaba consumiendo. Además le reñían cuando flotaba todo el día ocultándolo y ahora que no flotaba también. Esta hasta el moño y tenía tantas ganas de huir que empezó a sentirse ligera y a flotar de nuevo. Flotó y flotó y flotó, hasta que salió volando por la ventana y se alejó de su casa sin ni siquiera decir adiós. Quería ser libre. Y lo fue.
Jodelle se escondía en las copas de los árboles, en los tejados de las casas y en las torres de las iglesias. Vivía de lo que encontraba y de lo que tomaba prestado. A veces cuando echaba de menos a la gente se ponía un poco triste a propósito para poner los pies en la tierra y caminar entre otras personas. En una de esas ocasiones, Jodelle fue al cine y vio una película de astronautas donde todo el mundo flotaba y se le ocurrió. Claro, los astronautas flotaban, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Jodelle se fue a la NASA y se convirtió en astronauta. Pasó las pruebas sin problemas y en menos que canta un gallo ya estaba volando hacía el espacio exterior. Así pudo flotar sin que nadie se lo echase en cara. Además a los astronautas les gustaba flotar y estaban acostumbrados a ver gente flotar a su alrededor. Por fin podría ser ella misma y ser libre. Las estrellas la esperaban. A partir de entonces, Jodelle solo puso los pies en la tierra al aterrizar. FIN.
viernes, 8 de junio de 2007
Cantares
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.
Nunca perseguí la gloria...
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso.
martes, 5 de junio de 2007
Arde el pasado
