domingo 22 de marzo de 2009

La Central del Raval



Científicamente comprobado. Bertrand es una mierda, no me gusta, es como un gran supermercado de libros, frío e impersonal, la luz directa te mataba, los libros colocados deprisa algunos rotos y manchados, se nota que no se preocupan por ellos. Primera y última vez que me ven por allí, luego pasamos por la Casa del Libro y Laie. Pero el sitio al que más me gusta ir a comprar y mirar libros sin duda es esa maravilla que es la central del Raval, en una antigua iglesia. Allí si que saben como cuidar a los libros.
p.d. actualizo después de milenios desconectada.

martes 12 de agosto de 2008

Miau...

Me miró desde lo más profundo de sus ojos y lo supe. Estaba condenada. Aún hoy siento escalofríos cada vez que lo recuerdo. Aquel día, todo cambió y nada volvió a ser igual. Intenté gritar, patalear, llorar,...Intenté maldecirlo pero no pude. Lo único que salió de mis labios fue...miau.

microrelato, ya sé que tengo abandonado esto un poco pero últimamente vivo demasiado y tengo poco tiempo para escribir. ;-)

martes 17 de junio de 2008

Donde el desierto se junta con el mar

Donde el desierto se junta con el mar. Allí es donde he ido a parar después de dar muchas vueltas por el mundo. Aún no sé cómo he acabado aquí pero el hecho es que he llegado a donde quería llegar. Entre el calor abrasivo y la arena suave del desierto que me quema la piel y el mar que baña mi cuerpo y lo mece suavemente mientras borra todo lo que traía conmigo. Limpia las manchas de sangre, los golpes, las magulladuras, los morados, todo desaparece y me dejo hundir hasta que simplemente floto en el mar. Porque el desierto me ha curtido pero al final siempre vuelvo al mar que me ha parido y me ha hecho la persona que soy. Y atravesaré todos los desiertos que hagan falta para llegar al mar, porque soy agua, pero ya no un río pequeño que va a morir al mar, sino que soy océano, enorme, inmenso, azul y me como tus riachuelos insignificantes porque ya no marcas mi camino, sino que vago libre por el ancho mar, porque yo soy el mar, porque ya no soy rio nunca más. Y aunque mil veces tenga que andar sedienta por los desiertos de la vida no dejaré de pensar que siempre, al final está mi mar donde soy yo y nada ni nadie me puede alcanzar. Donde el desierto se junta con el mar, es el lugar donde uno llega aunque no quiera llegar y donde sabe que siempre quiso estar.

martes 27 de mayo de 2008

Sidney

Se va otro grande...

miércoles 14 de mayo de 2008

Huida

Corría como alma que lleva el diablo. Los pies descalzos y doloridos me sangraban pero no podía parar. Era eso o morir. Lo sabía. Habían soltado a los perros y me perseguían sin tregua. Estaba cansada. No podía más. Entonces lo vi. Majestuoso, me enseñaba sus dientes afilados. Estaba delante mío, tuve que frenar en seco. Estaba claro que no me iba a dejar pasar así como así. Empecé a notar más presencias a mi alrededor. Estaba rodeada. No habían soltado a los perros como yo creía, eran lobos. Lobos sedientos de sangre. Y la mía olía a miedo. Salí corriendo hacía uno de los laterales, había un coche abandonado. Me metí dentro como buenamente pude mientras los lobos se me lanzaban en jauría liderados por su jefe. Sus aullidos llenaban la noche. Casi no consigo cerrar la puerta. Eché el cierre, estaba a salvo. En realidad, estaba atrapada. Vendrían a buscarme y me encontrarían rodeada de una jauría de lobos. Lo más probable es que me obligaran a salir del coche y me dejaran a su merced hasta que me devoraran y no dejaran rastro de mí. Me puse a llorar. Tenía ganas de mear, así que me lo hice encima. Olía a miedo. Toda yo, apestaba a terror. Pensé que era el momento de decir adiós y morir. Me acurruqué en el asiento hecha un ovillo y me tapé los oídos para no ir los aullidos de los lobos. Horas después desperté. Era de día. No quedaba ni rastro de los lobos, no habían venido a buscarme. No entendía. Pero con el poco entendimiento que me quedaba decidí que era el momento de huir. Ahora o nunca. No tenía nada que perder. Salí del coche y seguí mi camino. Tarde o temprano me encontrarían, pero quizás, entonces podría hacerles frente. Quién sabe. La suerte a lo mejor no estaba echada.

lunes 5 de mayo de 2008

Dr. Extraño I Love You



Veo en un especial de adaptaciones de cómics que están por venir en el mundo http://www.elmundo.es/albumes/2008/04/29/epoca_superheroes_cine/index.html que van a hacer una peli de mi 'superhéroe' favorito de todos los tiempos y por un lado me alegro muchísimo pero por otro lado tiemblo de miedo. Lo bueno, es que pone que Guillermo del Toro se ha interesado por el proyecto y que Neil Gaiman podría escribir el guión, esto me llena de tranquilidad si es cierto, sino, tiemblo...Y pongo 'superhéroe' entre comillas porque para mí el Dr. Extraño es más un mago que vive aventuras en dimensiones paralelas, a veces soñadas, oníricas, psíquicas, un telépata casi, cercano a mi adorado Charles Xavier, desde luego los telépatas siempre me han gustado y más este mago de la mente. Más que los poderes físicos excepcionales, me gustan los poderes mentales, hacen que mi imaginación vuele hasta donde nunca antes había llegado. La verdad es que las pelis que se avecinan me llenan de gozo si acaban siendo buenas. Algunos de mis héroes de infancia y adolescencia, Namor, Thor, Watchmen, Ironman, Batman, Los Vengadores, Lobezno,...es una buena época para los amantes del cómic en las carteleras. Esperemos que la ilusión se vea compensada con buenos proyectos, estoy pendiente de ver Ironman. Pero me huele muy pero que muy bien.

P.d. Ya tengo ordenador de nuevo!!! Por fin me podré pasar por aquí más a menudo, besos a todos!!

sábado 26 de abril de 2008

Sin ordenador


Para más inri se me ha jodido el ordenador de casa y ya llevo casi un mes desconectada. A ver si me traen el nuevo ya que el viejo no ha podido ser salvado ni con reanimación asistida.

miércoles 2 de abril de 2008

metro

Huíamos sin remedio. La cosa se ponía negra. Cada vez estaban más cerca. No podíamos perder el siguiente tren. Los saltos en el tiempo nos estaban debilitando, pero de tren en tren nos sentíamos a salvo. En una estación cogimos un tren que nos llevó tres años atrás para en la siguiente volver dos años adelante. Creía que no nos atraparían. Jugar al despiste se me daba bien, pero no iba sola. Un niño dependía de mí. Todo se hacía más difícil con él, tenía que protegerle. Trabajar sola y luchar por mi vida era mucho más fácil sin él, ahora todo se había complicado y no había manera de evitarlo. No llegamos al último tren, todo estaba perdido. Empecé a perder la esperanza pero me di cuenta que el cambio de hora nos había engañado. Aún teníamos una hora hasta que llegase el último convoy. Los minutos en el reloj pasaban lenta y pausadamente. Se me hacía eterno. Llevábamos dos días saltando en el tiempo sin parar. El niño estaba cansado y yo también. Ya no sé si es bueno seguir. Cogimos el último metro. Íbamos solos, a esas horas, todo estaba oscuro. Las estaciones parecían abandonadas. Este era el tren que nos llevaría a la última estación, allí nos esperaba un lugar seguro, por fin, no podrían seguirnos. Las luces de los vagones empezaron a apagarse de golpe. El niño se estremeció. Me miró con sus grandes ojos negros, parecía asustado. Le sonreí y lo acerqué hacía a mí. Ya venían. Estaban cerca. Nos situamos al final del vagón, al lado de la puerta, la estación estaba a unos pocos segundos. Nos iban atrapar. El metro se paró, las puertas se abrieron. No mires atrás le dije. El frío empezó a invadirnos. Corríamos sin parar. La salida de la estación era la puerta a un nuevo mundo, llegar allí significaba estar salvados. De golpe, sentí un peso muerto. El niño había caído. Estaba blanco. Muerto. Le habían atrapado. Lo dejé ir. No pude hacer otra cosa. Me miraron, se quedaron quietos, observando. No trataron de acercarse. Pasé la puerta. Ya no estaba allí. Vinieron a por él y se lo llevaron. Una lástima, lo que no sabían era que él no era importante. Ni siquiera había nacido. Ni siquiera había sido creado. Era sólo un lapso de tiempo atrapado. Todo lo que debía salvarse fue salvado. Todo lo que debía pervivir, cruzó aquella puerta conmigo.

p.d. sorry, os tengo abandonadísimos.

lunes 18 de febrero de 2008

Campo de batalla

El campo de batalla tiembla con el tronar de los caballos. Cabalgamos hacía un futuro incierto. ¿Pero acaso hay futuro? El ataque es certero, los caballos se lanzan a la carrera, nos defendemos con nuestras espadas. Solo se oyen los gritos de los heridos, de los moribundos y de los combatientes acompañados del metal de las espadas al chocar. Hay un cierto orden dentro de todo este caos o al menos a mí me lo parece. Mi caballo está herido, se encabrita y me tira al suelo. Caigo de bruces en la tierra, un saco de huesos y mi pesada armadura. Estoy perdido, pienso. Levántate. A duras penas consigo ponerme en pie. Cojo mi espada del suelo. Todo me duele. Sangro por la cabeza en abundancia. Decido quitarme el casco. Me molesta. Me atacan. Me defiendo. Cada chocar de espadas me duele en todo el cuerpo. Latigazos de dolor extremo que me hacen llorar. Aún así logro vencer a mi enemigo. Cae mortalmente herido. Me giro unos segundos para ver el campo de batalla, parece que vamos ganando pero no lo podría asegurar. Sigo luchando mientras mi cuerpo dolorido se queja a cada movimiento. Hasta que un rival más descansado que yo logra ponerme las cosas difíciles. No dejo de lanzar estocadas aún así cada vez que nuestras espadas tropiezan la una con la otra, una oleada de dolor y cansancio recorre mi cuerpo. Al final, me clava su espada en una astuta finta y me atraviesa de lado a lado. Casi no duele. Caigo al suelo herido, pero no me remata, continua su lucha ciega. No ve a quien mata, sigue su lucha sin fin. Es tan solo una guerra, no es nada personal. Mi cara sobre el barro, desde aquí abajo se ve todo ralentizado. Los caballos al ataque, las espadas chocando, los estandartes ondeando al viento, el fuego, el fuego,…No me duele, al menos físicamente. Me duele en el corazón. Las lágrimas caen rodando por mis mejillas saladas se mezclan con el sabor de la sangre que cae desde mi frente y empapa mi pelo. Voy a morir, lo sé. No ha llegado el final, al menos no al final que yo esperaba. Este es otro final. Pero sé que he luchado por defender este pequeño territorio que es mi corazón. Cierro los ojos. Muero. No hay nada más.


Aprovecho y actualizo desde casa los últimos relillos que colgué en mi flog para que no os sintáis tan abandonados ahora que desde el curro no puedo postear ni entrar en el blog. ;-) este últimos inspirado por la canción de band of horses Is thera a ghost. http://www.myspace.com/bandofhorses

Tremolor

Aquella noche me desperté sudando, la oscuridad me envolvía, no hacía calor. Había soñado que me comía a mi misma. Pensé que tendría hambre, me levanté, fui a la cocina, abrí la nevera, los armarios, no me apetecía nada. Me volví a la cama. Apagué la luz, me tapé hasta los ojos, intenté dormirme, pero no pude durante un buen rato. Volví a soñar, pero esta vez soñé que tú me comías. Me desperté sudando de nuevo. Estabas dormido. No te movías. Apenas una respiración pausada. Te abracé intentando no despertarte. Ni siquiera te inmutaste. Olías bien, como siempre, con ese olor dulzón que tanto me gustaba. Todo para mí. La piel sabía dulce, la sangre a metal, la carne jugosa. Saciada me volví a dormir. Aquella noche soñé que te comía.

Dedos

Sus largos dedos acariciaban mi pelo. Fue lo primero que vi. Sus grandes manos y sus dedos largos, sin fin. Me enamoré de aquellas manos y luego de la persona a quién pertenecían. No podía parar de mirarlas. Me parecían perfectas. Manos perfectas con largos y perfectos dedos. Y no es que fueran especialmente bonitas, tan solo eran perfectas. Eran simplemente esas manos y sobretodo, esos dedos. Esos largos dedos tocando la guitarra, esos largos dedos liando un porro, esos lardos dedos apartando el pelo de mi cara, esos largos dedos acariciándome, esos largos dedos alrededor de mi cuello apretando mientras dejaba de respirar, esos largos dedos…

Donut glaseado

Al llegar a casa se dió cuenta de que no había comido desde hacía horas. Encima de la mesa había un donut glaseado. Le pareció tan apetecible que apenas dudó. Se lo comió casi de un bocado. Horas después nadaba entre peces tropicales en su cama. Siempre pensó que aquel donut estaba maldito pero lo cierto es que simplemente estaba bañado en ácido. Cuando me lo contaba siempre envidiaba no haberme comido yo el donut y poder nadar en el pacífico desde mi propia cama. Qué manera de desperdiciar un donut, sobretodo teniendo en cuenta que él no sabía nadar.

jueves 7 de febrero de 2008

Tom Waits


Dice tom waits en este maravilloso e increíble libro de entrevistas y conversaciones que me tiene atrapada: 'No soy un fotoperiodista. No hago reportajes. Le cuentas historias a alguien; surgen de muchos lugares, sueños y recuerdos y mentiras y cosas, cosas que has encontrado y escuchado, visto y leído, soñado e inventado'. Lo suscribo totalmente.


Leyendo este libro, Waits cuenta una historia de un cuartel de bomberos que se convirtió en supermercado asíatico y que me ha inspirado este relatillo:


Baltimore, Pittsburg


He pasado por aquí millones de veces. Ya nada es lo mismo. Todo se transforma. El cuartel de bomberos en el que solíamos jugar cuando éramos pequeños ha desaparecido. Ya no suena la sirena de alarma cada vez que hay un incendio. Los coches ya no salen disparados a salvar la casa de nadie. Ahora es una tienda de productos asiáticos. Venden tofu, galletitas de la suerte y algas para makis. La señora Cho aún recibe llamadas a altas horas de la madrugada. Gritos desesperados. Mi casa se quema!!! Al principio, la señora Cho no entendía el idioma y no sabía porque la gente le llamaba a esas horas ni lo que le decían. Pero poco a poco se fue dando cuenta y ahora solo le quedaba decir cuando el teléfono la despertaba por la noche, no bomberos aquí. Se producía un tremendo y desolador silencio y luego colgaban. La señora Cho se volvía a dormir y siempre soñaba con grandes incendios que se comían la ciudad entera. Cuando se levantaba le entraba hambre y se comía una galletita de la suerte. Aquella mañana la galletita le dijo. El fuego te acompaña. La señora Cho bajó a la tienda desde su casa en la parte superior del edificio y trabajó duramente durante todo el día. Aquella noche el teléfono no sonó sino que fue ella la que llamó a los bomberos. Su casa ardió hasta los cimientos y con ella sus galletitas, su tofu y sus algas para los makis.
http://www.myspace.com/tomwaits


P.d. ahora que no puedo actualizar desde el curro ni bloguear voy a estar un poco missing, sorry.

martes 5 de febrero de 2008

La calle estaba desierta...

La calle estaba desierta. Volviendo a casa a altas horas de la noche. Había llovido mientras estaba bajo techo. El suelo estaba mojado. Empezó a levantarse una suave brisa, venía desde el mar. Cerré los ojos mientras esperaba a que el semáforo cambiase de color en la gran avenida y sentí el olor del mar. El viento empezó a encabritarse, mi pelo ondeaba suelto. De golpe la suave brisa se convirtió en un viento salvaje para segundos después devenir en huracanado. En mitad de la calle, el semáforo en verde y lo ví venir. Un tornado de grandes dimensiones me pilló de lleno. Me volteó y zarandeó en el aire como le vino en gana. No paraba de dar vueltas y vueltas, me estaba mareando, mi bolso había volado y con él todas mis cosas que ahora flotaban a mi alrededor. Por unos momentos pensé, es el fin. Pero tal y como vino se fue. Me escupió y siguió su camino. Caí sobre el duro asfalto, temiendo haber perdido en el camino algo más que el bolso. Me dolía todo. Comprobé que estaba entera. Si, parecía que no faltaba nada. Pero de golpe descubrí que algo no estaba en su sitio. El muy hijo de puta se había llevado mi corazón. Un hueco tan solo quedaba. El vacío. Maldita sea, pensé. Con lo que me había costado recuperarlo. Ahora vuelta a empezar la búsqueda del tesoro. En mi bolsillo había un mapa, una x marcaba el lugar. Ahora solo tenía que averiguar en que dichoso mar y en que maldita isla estaba mi corazón enterrado.


P.d. no me deja actualizar desde el curro, sniff, sniff.

jueves 24 de enero de 2008

Hibernación

En esta época del año, cuando el frío arrecia estoy ya metida en mi cueva a resguardo para pasar el invierno. Los meses anteriores me he alimentado copiosamente y he guardado reservas para pasar el frío. Envuelta en mi propia piel, acurrucada entre algodones me mezo y me duermo durante esta larga temporada soñando con la nieve que no veré y que siempre he anhelado. Hace tiempo que quiero verla y ni siquiera puedo intuirla desde este mi refugio polar alejada de todo y de todos. El frío avanza y los meses pasan hasta la primavera, cuando renazco y vuelvo a ser yo. O eso al menos es lo que pasaba. Ahora todo ha cambiado. Hace calor, ya debería estar en mi cueva pero en vez de eso campo a mis anchas por los prados de la vida, creo que la nieve solo existe en mis sueños y que nunca hará frío. A pesar de que todos parecen contentos, anhelo el hielo, la escarcha y los témpanos, el frío en toda su amplitud y la nieve más pura. Quiero que sea invierno, pero no este invierno de pacotilla que no se cree nadie, invierno de verdad. Frío, congelación, castañeteo de dientes,...Este año no he hibernado y estoy preocupada. ¿Afectara esto a mi desarrollo como osezna? Es algo que aún tengo que comprobar.