viernes, 25 de marzo de 2011

Bruma

Tal y como vino, se fue. Un día de bruma, por la mañana, mientras caminaba por la calle apareció ante mí, como salido de la nada, entre la bruma. Lo vi todos los días por la mañana, a veces por la noche durante un mes hasta que un día aquel hombre desapareció en la bruma. Pero no es que se confundiera con ella, que su figura se siluetease y desapareciese mientras la bruma lo cubría, no. Sencillamente, su cuerpo empezó a desvanecerse, desmoronarse, a convertirse en bruma. Desapareció. Y lo más extraño de todo es que no me pareció inusual. Continué mi camino como si nada, hacía la bruma. Sin miedo a desaparecer.

sábado, 12 de marzo de 2011

zapatillas de ballet

Bailaba y bailaba sin parar, las paredes desnudas del gran apartamento, sin muebles ni accesorios, solo espacios vacíos donde poder danzar. Se entrenaba hasta desfallecer, con el tutú y las zapatillas, de puntillas de salón en salón. Se le exigía la perfección. Aunque no supiese que era aquello. Un día, tras horas y horas de práctica, por fin la dejaron sola. Vigilaban sus avances con minuciosidad, con lupa, todos y cada uno de sus pasos. Aquella tarde, por fin, le dieron un descanso y regresando a su habitación vio la luz que traspasaba la rendija de la puerta, aquella puerta que siempre estaba cerrada y que nunca le dejaban traspasar. Su padre se lo había prohibido. Entró sigilosamente, de puntillas, de pronto no podía dejar de bailar, las estancias que encontró estaban viejas y sucias, como si llevarán una eternidad abandonadas. Su padre, lloraba. Sentado ante la mesa de una cocina desportillada y en desuso, creyó que le vería y huyó a través de las habitaciones hasta un lugar luminoso. Parecía una excavación arqueológica, no sabía que era aquello. Había algunas personas trabajando, parecía que desenterraban los cimientos de una casa, pero el suelo era puro hielo, estaba helado, azul y frío. Danzó de puntillas hasta una pequeña elevación, un montículo. Ingenuamente pensó que desde allí tendría una mejor perspectiva del lugar. Al subir allí, el suelo empezó a deshacerse bajo sus pies, se hundió. Quemaba, ardía, las piernas le escocían, el dolor era insoportable. Jamás volvería a bailar. De golpe despertó. Estaba en su habitación, las zapatillas de ballet sobre el tocador. Se vistió, cogió una mochila, metió las cinco cosas más importantes que tenía y algo de ropa y se marchó. Nunca más volvería. Las zapatillas seguirían allí años y años, acumulando polvo, convirtiéndose en reliquias. Nunca más bailó.

Fin

sábado, 26 de febrero de 2011

historias

-¿Te parece bonito tenerme aquí esperando?, me dijo.
Llevaba con la idea de escribir esta historia semanas pero no encontraba el momento, ni las ganas. Estaba todo en mi cabeza, el personaje, el escenario, la situación, solo faltaba ponerme delante del ordenador a teclear. Pero no fui capaz. Hasta que un día se plantó delante de mí y me espetó eso de:
-¿Te parece bonito tenerme aquí esperando?
Quien iba pensar que se me iba a aparecer mi propio personaje delante de las narices y que me iba a exigir que escribiera su maldita historia, cito textualmente, de una puta vez porque estaba hasta los cojones de esperar en el limbo. Yo seguía sin ganas pero lo cierto es que su mirada feroz, sus malas maneras y su actitud agresiva, y para que negarlo, el par de ostias que me dio, acabaron de convencerme. Y aquí estoy escribiendo una historia que hace semanas que me rondaba por la cabeza...


Inspirado por esta entrada en el blog de Neil Gaiman:

Sometimes I think that when I die, or perhaps as I am dying, I shall be confronted with my characters.

Not the ones you would expect, the ones who had their stories, but the other ones. The characters whose stories I planned to tell but never did. There was the girl who never made it into Season of Mists (was her name Carmen? I think it was) who talked about herself in the third person and described herself as "hard as effin nails", and the lonely journalist trying to investigate the Bender family in Kansas and elsewhere in the Michael Zulli Sweeney Todd story, and Jenny Kertin who is waiting for me to take her to the village of Wall and wishes I'd hurry it up...

Them, and a few dozen others, the people from the tales I never told, who have waited on the boundaries between the potential and the actual, in a ghostly limbo. They'll be so disappointed when I die. And I have no doubt I will feel guilty, for all the stories I'll never write.

Not that that'll be happening for some time to come. But I've been talking to friends of mine who are writers at the end of their lives, and it makes me think.

http://journal.neilgaiman.com/2011/02/one-of-those-slightly-random-too-long.html?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

domingo, 20 de febrero de 2011

Pasillos

Me citaron en aquel antiguo colegio abandonado. Recuerdo que pasé allí muchos momentos, jugando en su patio o por aquellos largos pasillos, nunca me los imaginé así. Abandonados. Viejos y sucios. Sin vida. Paseando en silencio, solo con el sonido de mis pasos en el eco de las aulas vacías, aquel sitio me dio pavor. El pasillo nunca me pareció tan estrecho, tan largo, ni tan oscuro. Era la hora convenida, pero no había aparecido nadie en el lugar. Tenía la mercancia. Una pequeña tarjeta de memoria. En mi mano, no parecía gran cosa. Pero dentro, dentro estaba el infierno. De pronto, un ruido conocido, como un riachuelo que corre por el bosque, agua. Un pequeño río, después un torrente, el agua cubriéndome los pies y de repente el pasillo se inundó hasta el techo y yo no pude hacer otra cosa que aferrar con fuerza la maltita tarjeta de memoria, aguantar el aire y nadar. ¿Hacía donde? No lo sabía pero se me acababa el aire y no sabía como salir de allí, de golpe, todas la puertas y ventanas parecían cerradas y solo estábamos, el pasillo, el agua y yo. Fui nadando a duras penas hasta el final del pasillo, la puerta de enfrente parecía en mal estado, quizás si la empujaba con fuerza podría abrirla, pero el aire se me acababa. Y al fin llegó, el último estertor, el último resto de aire y el agua entró con fuerza en mis pulmones, sentí como me anegaba por dentro. El fin, pensé. Ha llegado. Pero no pasó nada, seguí respirando. Ya me lo decía mi madre, en otra vida debiste ser pez. Por lo visto, tenía razón. Le pegué un patada a la puerta, más pasillos y más agua, bueno, ahora que podía respirar debajo del agua no me preocupaba. Pero pensé, cuando encuentre al maldito bastardo que me ha metido aquí, le hago tragarse la tarjeta de memoria debajo del agua...

miércoles, 16 de febrero de 2011

Señoras mayores pintadas en la piscina

Cada día me sorprende más ver a este raro especimen acuático que encuentro cada día en mis baños en la piscina. El agua, ese líquido elemento primordial que nos da vida, sirve para muchas cosas, entre ellas acoger a ese rara avis que es la señora mayor pintada. Con su gorrito de la época de mari castaña, sus labios rojos o rosa chillón, siempre en colores estridentes que llamen suficientemente la atención, sus cejas tan perfiladas que parecen desaparecer en una fina línea y el rimel que jamás se les corre. Lo cierto es que ese singular ejemplar de las aguas cálidas de las piscinas pequeñas y que no cubren, jamás se sumerge. Nada, por llamarlo de alguna manera, con el gaznate estirado hasta límites imposibles para evitar que su maquillaje se estropee o que su pelo se moje y sus maravillosos cardados ya aplastados de por si por el gorro, acaben destrozados. Otra de las características del especimen que nos ocupa es el lucimiento indudable de oropéles, pendientones de perlas, collares de oro reluciente o anillos con pedrusco incorporado. Todo el lote completo, el kit esencial de la maruja. No hay que olvidar que estas señora mayores pintadas son además un animal peligroso y que uno no se debe confiar ante su aspecto anodino e inofensivo, porque cuando nadan, les da igual que haya otros seres alrededor, invaden la piscina a manotazo limpio, el estilo natatorio que mejor se les da y si te tienen que avasallar en su camino, no tienen misericordia ni piedad. Lo más extraordinario de todo es que cuando pertrechado con unas gafas de buceo, el explorador de estos territorios se sumerge en las profundidades, poco profundas, de las piscinas de este tipo, se nos revela el secreto, la verdadera apariencia de estas señoras mayores pintadas, que detrás de la imagen que nos ofrecen en la superficie, como los iceberg, esconden un ser monstruoso, con un cuerpo descomunal y unos tentáculos largos y pegajosos de un color violáceo que asustarían al más intrépido aventurero. Afortunadamente, las señoras mayores pintadas mantienen las apariencias, poca gente se atreve a sumergirse en la piscina pequeña debajo de las aguas. Y ellas mantienen sus estupendos cardados bajo su gorro y sobretodo el venenoso color de sus labios encarnados. Aviso a todos los nadadores, mantengase alejados.

martes, 15 de febrero de 2011

Granada

He estado unos días de descanso en Granada, ciudad estupenda y maravillosa con un tesoro impresionante que es la Alhambra y esa maravilla de Generalife. Cuando sea mayor quiero un sitio así para ir a relajarme y tomarme el vermutillo al fresco. :-) Un sitio rodeado de agua, definitivamente soy un ser acuático, no hay duda.


En breve, nuevos relatos. Espero.

Besos a todos y bienvenida Dotdogson.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Hemptshore

Cuando llegaron, nadie sabia quienes eran. Llegaron con sus barcos a la costa, todos fuimos a recibirlos con emoción, pero no sabíamos realmente lo que querían. Fuimos ingenuos, pero creímos que los dioses nos protegerían. No lo hicieron. Ahora vivimos escondidos, en los bosques, lejos del mar que nos vio crecer y nos alimentó. Ahora somos diferentes, ya nunca volveremos a ver la vida como la vimos. Ahora vivimos en los árboles, cazamos animales que nunca antes cazamos, comemos plantas que nunca antes comimos y vivimos escondidos, entre sombras. Antes el sol era uno de nuestros dioses, ahora lo son los árboles. Ellos nos protegen. A los pocos que quedamos. Nos hablan, nos cuentan historias ancestrales que nunca antes oímos. Ahora, cuando nos acercamos al mar, ya no entendemos lo que nos dice, nos habla, pero el sonido de su voz es irreconocible. Nos repudió el día que llegaron y nos arrebataron todo lo que quisimos. A veces, subo la ladera que separaba nuestro poblado del mar y miro como se agita y lucha con sus olas gigantescas en un día de furia y temporal, cuando ni siquiera los invasores se atreven a acercarse. Lo echo de menos. Alguna que otra vez, consigo entender lo que me dice, palabras sueltas, tristeza, dolor, abandono. Y le digo que no fue culpa nuestra, que él nos trajo la desgracia en sus grandes barcos y lo único que recibo es silencio. Esos días, vuelvo al bosque con lágrimas en los ojos. Sé que nunca volverá a ser igual, pero los árboles me reciben con sus ramas y sus hojas balanceándose con el viento y me cuentan historias de victoria y protección, me hacen sentir que formo parte de algo que va más allá de mi mismo. Sé que nunca olvidaré el mar que me vio nacer, pero ahora los árboles son mi casa. Ellos nos protegerán, pero nos advierten, tenemos que luchar. No podemos quedarnos esperando que ellos solos nos defiendan, no podemos hacer como ya hicimos, esperar que el mar nos defendiese. No podemos esperar que los dioses hagan nuestro trabajo. Ahora lo sabemos. Antes no. El mago de la tribu nos maldijo por eso, se fue a ofrecer sacrificios al mar, nunca más volvimos a verlo. Ahora vivimos mejor. Aprendemos día a día y nuestros hijos con nosotros. Es lo que cuenta. Sobrevivir. Aquí, al lado del mar o en el fin del mundo. Es lo que cuenta. 


Paréntesis pingüinoso.
Gracias Juanjo por los pingüinos.

jueves, 27 de enero de 2011

Pingüino Uno. Camino.

Pingüino Uno siguió caminando. Había empezado su largo viaje. El camino sería duro, complicado y solitario, pero se había marcado una meta y no iba a abandonarla. Cerró los ojos y se dijo a sí mismo: este es el principio del camino, quién sabe a donde me llevará, estoy deseando verlo. La nieve reflejaba el sol de la mañana y proporcionaba el poco calor que Pingüino Uno albergaba en su mullido cuerpo, lo iba a necesitar, el frío polar comenzaría a arreciar en cuanto el sol se pusiese. Pero pensó, al fin y al cabo, en eso consiste la aventura. Y se dirigió con paso firme hacía el horizonte.

domingo, 23 de enero de 2011

Pingüino Uno. Partida.

Desde el otro lado del antártico, mirando hacía la inmensidad del hielo, Pingüino Uno se preguntaba que habría más allá del horizonte. Era un pingüino viajero, desde que nació se dio cuenta de que era diferente a todos los demás. Sentía un ansia insaciable de conocer nuevos lugares, lanzarse a las aguas gélidas del ártico y nadar hasta nuevos horizontes. Su madre lo dio por imposible y el resto de sus compañeros también. Se volvió un pingüino solitario. Por las noches soñaba con lugares cálidos, desérticos, ciudades pobladas, grandes lagos, cataratas, puentes sobre ríos y cosas que no sabía como explicar y que nadie entendía. Sabía que todo aquello tenía que existir en algún lugar y que él tenía que verlo con sus propios ojos, aunque fuese muy lejos y le costase la vida llegar. Aquella mañana mirando la inmensidad del hielo decidió que era el día de partir. No era la primera vez que se alejaba de sus confines, pero esta vez era para no volver. Sus pequeñas expediciones le habían servido de aliciente para animarse a viajes cada vez más largos, pero al volver a casa, sus congéneres ignoraban sus historias de gente, barcos, casas con humos saliendo de la chimenea. Todo lo que no fuese nieve y hielo era para ellos historias ridículas de un pingüino loco. Ya no volvería más, ahora empezaba la aventura. Pingüino Uno miró hacía atrás un momento, vio a su colonia dormida, a sus familiares acurrucados protegiéndose unos con los otros del frío, se despidió mentalmente de ellos y partió. El mundo le esperaba.


Vuelvo a estos mundos del Blog, no sé si duraré pero se hará lo que se pueda. Dedicado a los amigos viajeros que insisten en que escriba.


Foto: Deborah Zabarenko

domingo, 22 de marzo de 2009

La Central del Raval



Científicamente comprobado. Bertrand es una mierda, no me gusta, es como un gran supermercado de libros, frío e impersonal, la luz directa te mataba, los libros colocados deprisa algunos rotos y manchados, se nota que no se preocupan por ellos. Primera y última vez que me ven por allí, luego pasamos por la Casa del Libro y Laie. Pero el sitio al que más me gusta ir a comprar y mirar libros sin duda es esa maravilla que es la central del Raval, en una antigua iglesia. Allí si que saben como cuidar a los libros.
p.d. actualizo después de milenios desconectada.

martes, 12 de agosto de 2008

Miau...

Me miró desde lo más profundo de sus ojos y lo supe. Estaba condenada. Aún hoy siento escalofríos cada vez que lo recuerdo. Aquel día, todo cambió y nada volvió a ser igual. Intenté gritar, patalear, llorar,...Intenté maldecirlo pero no pude. Lo único que salió de mis labios fue...miau.

microrelato, ya sé que tengo abandonado esto un poco pero últimamente vivo demasiado y tengo poco tiempo para escribir. ;-)

martes, 17 de junio de 2008

Donde el desierto se junta con el mar

Donde el desierto se junta con el mar. Allí es donde he ido a parar después de dar muchas vueltas por el mundo. Aún no sé cómo he acabado aquí pero el hecho es que he llegado a donde quería llegar. Entre el calor abrasivo y la arena suave del desierto que me quema la piel y el mar que baña mi cuerpo y lo mece suavemente mientras borra todo lo que traía conmigo. Limpia las manchas de sangre, los golpes, las magulladuras, los morados, todo desaparece y me dejo hundir hasta que simplemente floto en el mar. Porque el desierto me ha curtido pero al final siempre vuelvo al mar que me ha parido y me ha hecho la persona que soy. Y atravesaré todos los desiertos que hagan falta para llegar al mar, porque soy agua, pero ya no un río pequeño que va a morir al mar, sino que soy océano, enorme, inmenso, azul y me como tus riachuelos insignificantes porque ya no marcas mi camino, sino que vago libre por el ancho mar, porque yo soy el mar, porque ya no soy rio nunca más. Y aunque mil veces tenga que andar sedienta por los desiertos de la vida no dejaré de pensar que siempre, al final está mi mar donde soy yo y nada ni nadie me puede alcanzar. Donde el desierto se junta con el mar, es el lugar donde uno llega aunque no quiera llegar y donde sabe que siempre quiso estar.

martes, 27 de mayo de 2008

Sidney

Se va otro grande...

miércoles, 14 de mayo de 2008

Huida

Corría como alma que lleva el diablo. Los pies descalzos y doloridos me sangraban pero no podía parar. Era eso o morir. Lo sabía. Habían soltado a los perros y me perseguían sin tregua. Estaba cansada. No podía más. Entonces lo vi. Majestuoso, me enseñaba sus dientes afilados. Estaba delante mío, tuve que frenar en seco. Estaba claro que no me iba a dejar pasar así como así. Empecé a notar más presencias a mi alrededor. Estaba rodeada. No habían soltado a los perros como yo creía, eran lobos. Lobos sedientos de sangre. Y la mía olía a miedo. Salí corriendo hacía uno de los laterales, había un coche abandonado. Me metí dentro como buenamente pude mientras los lobos se me lanzaban en jauría liderados por su jefe. Sus aullidos llenaban la noche. Casi no consigo cerrar la puerta. Eché el cierre, estaba a salvo. En realidad, estaba atrapada. Vendrían a buscarme y me encontrarían rodeada de una jauría de lobos. Lo más probable es que me obligaran a salir del coche y me dejaran a su merced hasta que me devoraran y no dejaran rastro de mí. Me puse a llorar. Tenía ganas de mear, así que me lo hice encima. Olía a miedo. Toda yo, apestaba a terror. Pensé que era el momento de decir adiós y morir. Me acurruqué en el asiento hecha un ovillo y me tapé los oídos para no ir los aullidos de los lobos. Horas después desperté. Era de día. No quedaba ni rastro de los lobos, no habían venido a buscarme. No entendía. Pero con el poco entendimiento que me quedaba decidí que era el momento de huir. Ahora o nunca. No tenía nada que perder. Salí del coche y seguí mi camino. Tarde o temprano me encontrarían, pero quizás, entonces podría hacerles frente. Quién sabe. La suerte a lo mejor no estaba echada.

lunes, 5 de mayo de 2008

Dr. Extraño I Love You



Veo en un especial de adaptaciones de cómics que están por venir en el mundo http://www.elmundo.es/albumes/2008/04/29/epoca_superheroes_cine/index.html que van a hacer una peli de mi 'superhéroe' favorito de todos los tiempos y por un lado me alegro muchísimo pero por otro lado tiemblo de miedo. Lo bueno, es que pone que Guillermo del Toro se ha interesado por el proyecto y que Neil Gaiman podría escribir el guión, esto me llena de tranquilidad si es cierto, sino, tiemblo...Y pongo 'superhéroe' entre comillas porque para mí el Dr. Extraño es más un mago que vive aventuras en dimensiones paralelas, a veces soñadas, oníricas, psíquicas, un telépata casi, cercano a mi adorado Charles Xavier, desde luego los telépatas siempre me han gustado y más este mago de la mente. Más que los poderes físicos excepcionales, me gustan los poderes mentales, hacen que mi imaginación vuele hasta donde nunca antes había llegado. La verdad es que las pelis que se avecinan me llenan de gozo si acaban siendo buenas. Algunos de mis héroes de infancia y adolescencia, Namor, Thor, Watchmen, Ironman, Batman, Los Vengadores, Lobezno,...es una buena época para los amantes del cómic en las carteleras. Esperemos que la ilusión se vea compensada con buenos proyectos, estoy pendiente de ver Ironman. Pero me huele muy pero que muy bien.

P.d. Ya tengo ordenador de nuevo!!! Por fin me podré pasar por aquí más a menudo, besos a todos!!